domingo, 12 de mayo de 2013

Carta a Clara Armendáriz


Mi niña valiente

En esta vida nos vamos llenando de amor por la gente, en cuanto supe de ti, supe que te amaría y cada día mi amor creció más por ti.

Recuerdo mis embarazos, acompañada del amor de mi esposo, madre y hermanos, embarazos deseados que cursaron con dificultades para lograrlos pero nunca sola, en ambos fui asistida por personas que me querían, conocidos míos que me ayudaron a traer a mis hijos por parto, a Dios gracias y tal vez por los conocimientos que poseo las molestias y dolores fueron mínimas.

Durante mi formación de médica en la práctica ginecológica atendí alrededor de 100 partos, ayudé a las mujeres a tener a su hijos, en centros hospitalarios y en unidades rurales , a todas esas mujeres las revisamos, fuimos tocando como iba descendiendo la cabecita, alentamos y alenté a respirar, a pujar y pujar, al coronar realice la episiotomía en las primerizas, luego de salir su cabeza solía su hombrito y sus cuerpecitos, aspiramos flemas, corte cordones umbilicales, ligue y pasamos a la enfermera a los niños, espere el alumbramiento de la placenta, limpiamos la matriz para evitar que quedaran restos placentarios, suturamos las episiotomías. Fueron mujeres de todas las edades, siendo su primera vez o no, con pareja o sin pareja, pero acompañadas en este periodo de su vida tan crucial.

Así que cuando conocí tu historia no puedo sino decir que eres una niña muy valiente. Tuviste que ocultar tu embarazo porque la persona que te ayudo a procrear tu hijo no fue responsable de sus actos y te abandono, porque tenias a una madre con una enfermedad terminal y no quisiste causarle dolor, luego sola cruzaste por un parto sin más ayuda que tu entendimiento, tu razón y fuerza de voluntad, así trajiste a tu hija al mundo con lágrimas, nudos en la garganta que no se permitieron ni gemidos ni descanso, sola cursaste por todo el trabajo de parto, sola ayudaste a nacer a tu hija, a llegar a este mundo, sola cortaste el cordón umbilical, lo amarraste, la cobijaste y tomaste una decisión para que ella sobreviviera, sola esperaste a que saliera la placenta. Y luego a esa nueva vida la depositaste donde la encontraran cerca de la Casa de Dios, ese del que te inculcaron que es solo amor y bendiciones, y que perdona todos nuestros pecados si el arrepentimiento es de corazón, ese al que invocan los que quieren castigarte por que nadie les ha dicho que amando y haciendo lo que es mejor para nuestro prójimo es como llegamos a Él.

Ahora has emprendido una lucha para recuperar a tu hija, es tuya, es tu sangre y lagrimas, es a la que renunciaste y ahora te has arrepentido….. de los arrepentidos es el Reino de los Cielos…., ahora no estás sola, te acompaña tu padre, tu abuela, tus abogadas, y todas y todos los que deseamos que tengas un poquito de felicidad.

Mi papel no es juzgarte, nadie de la tierra o del cielo me ha dado esa encomienda o poder, solo me resta decirte NO ESTAS SOLA y te quiero mucho.

Dra. Beatriz Gómez Caballero

P.D. Quiero conocerte

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